domingo, 3 de febrero de 2008

ULTIMAS CONQUISTAS DE TRAJANO

La conquista de Dacia

Los dos grandes centros de atención de la política exterior de Trajano se encuentran en Dacia y en la frontera oriental. Decébalo, rey de Dacia, territorio casi equivalente a la actual Rumanía, venía provocando al Estado romano con incursiones sistemáticas al sur del Danubio. Dominiciado se había visto obligado a ayudar económicamente a Decébalo a cambio de que respetara la frontera romana y cesara en sus incursiones. Trajano rompió con esta situación humillante para Roma. El 101 cruzó el Danubio con las legiones situadas en Mesia y Panonia, hasta obligar a Decébalo a pedir la paz. Cuatro años más tarde, Trajano vuelve a dirigir sus tropas contra los dacios. Viendo perdida la guerra, Decébalo se suicida después de prender fuego a su propia capital, Sarmizegetusa. Dacia es convertida en provincia romana.
La Dacia ofreció a Roma un inmenso botín, sólo conocido en las grandes campañas de conquista de época republicana: miles de prisioneros destinados a los mercados de esclavos y una cantidad que algunos han cifrado en 165,5 toneladas de oro y 331 toneladas de plata. Aunque esas cifras no fueran muy exactas -no es imposible que lo sean-, la conquista permitió poner en explotación sistemática las ricas minas de donde se obtenían esos metales. Sabemos que las legiones fueron empleadas en la preparación de las infraestructuras viarias y técnicas. Pero además, la Dacia ofrecía oportunidades excelentes para la explotación agraria y la refundación de Sarmizegetusa como colonia llevó consigo repartos de lotes de tierra.
De menor importancia por el botín de guerra fueron los éxitos militares obtenidos contra los partos. El establecimiento de la frontera romana en el Éufrates dejo abierto el camino para la anexión de Arabia (105). El reino de Palmira quedó en calidad de pequeño Estado cliente que reconocía la autoridad de Roma y permitía, por lo mismo, la presencia en sus tierras de comerciantes romanos. Estas campañas orientales permitieron a Roma participar de las ventajas del rico comercio caravanero que partía del Mar Rojo, a donde confluían los productos de lujo del Lejano Oriente. La ruta marítima con la India estaba abierta desde época de Alejandro Magno: incienso, sedas, animales salvajes para los circos... llegaban por esta ruta. Así, el renacimiento económico del imperio desde Trajano encuentra en la conquista un motor fundamental. La valoración de su obra se refleja en los títulos honoríficos recibidos: Germanicus en el 97, Dacius a fines del 102 y Parthicus entre los meses de abril-agosto del 116. Pero, aun siendo muy considerables los ingresos obtenidos de Dacia y de la ruta caravanera de Arabia, las condiciones de estabilidad política, la mejora de las comunicaciones y la saneada administración fiscal hicieron el resto para estimular el tráfico de mercancías entre las diversas provincias del imperio y permitir el desarrollo de burguesías urbanas también en las provincias.


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